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Red Flags en términos de ABAC dentro de las Operaciones

Una mirada práctica y estratégica desde la gestión de riesgos corporativos

En un entorno empresarial cada vez más regulado y exigente, los programas de Anti-Bribery and Anti-Corruption (ABAC) se han consolidado como uno de los pilares fundamentales del Compliance. La globalización, la creciente participación en mercados internacionales y la interacción constante con terceros y entidades públicas incrementan la exposición a riesgos de soborno y corrupción. En este contexto, la capacidad de identificar red flags dentro de las operaciones no es solo una buena práctica: es una herramienta crítica para proteger la reputación, la sostenibilidad y la integridad de cualquier organización.

Los red flags representan indicios, comportamientos o patrones atípicos que pueden señalar un riesgo potencial de incumplimiento. No constituyen evidencia definitiva, pero sí exigen atención inmediata y un análisis más profundo. Un entorno operativo saludable depende de la habilidad de los equipos para detectar estas señales y activar los mecanismos internos adecuados para su gestión.

La relevancia estratégica de los red flags en ABAC

La identificación oportuna de red flags permite anticipar riesgos antes de que se materialicen en incidentes. Esta capacidad preventiva es esencial por tres razones:

  1. Protección legal y regulatoria: las leyes internacionales como la FCPA (Estados Unidos), UK Bribery Act (Reino Unido) y diversas normativas locales sancionan no solo los actos de corrupción, sino también la falta de controles razonables para prevenirlos.
  2. Reputación corporativa: los casos de soborno tienen efectos devastadores en la confianza de clientes, inversionistas y socios estratégicos.
  3. Eficiencia operativa: cuando una organización establece mecanismos sólidos de monitoreo, evita pérdidas económicas, retrasos contractuales y daños a relaciones comerciales clave.

Por ello, los red flags no deben considerarse simples formalidades, sino indicadores críticos dentro del sistema de defensa corporativa.

Principales red flags en las operaciones diarias

A continuación, se describen los red flags más relevantes desde la perspectiva ABAC, acompañados de su lógica de riesgo:

1. Pagos, comisiones o tarifas inusuales

  • Transferencias a cuentas ubicadas en países distintos al lugar donde se ejecuta el servicio.
  • Honorarios o comisiones significativamente superiores al estándar del mercado.
  • Pagos adelantados sin justificación comercial clara.

Este tipo de conductas suele ocultar intentos de redirigir fondos hacia actividades ilícitas, por lo que cada transacción debe contar con documentación completa, trazabilidad y aprobación formal.

2. Uso de intermediarios sin función claramente definida

Los terceros continúan siendo una de las fuentes de mayor exposición. Señales de alerta incluyen:

  • Consultores o agentes sin experiencia verificable.
  • Proveedores que no pueden explicar su rol o valor agregado.
  • Empresas recientemente creadas o sin presencia digital.

Una debida diligencia robusta, renovada periódicamente, es indispensable para mitigar estos riesgos.

3. Interacciones con funcionarios públicos sin transparencia

Las operaciones que involucran licitaciones, permisos regulatorios o inspecciones requieren especial vigilancia. Riesgos frecuentes incluyen:

  • Proveedores o representantes con vínculos no declarados con funcionarios públicos.
  • Solicitudes informales de “facilidades” o tratos preferenciales.
  • Procesos opacos de negociación o asignación de contratos.

Dado que el contacto con el sector público incrementa el riesgo, la organización debe exigir trazabilidad de cada interacción.

4. Regalos, hospitalidad y gastos de representación desproporcionados

La hospitalidad corporativa es permitida dentro de parámetros razonables, pero se convierte en un red flag cuando:

  • No existe una justificación de negocio clara.
  • El valor supera límites definidos por la política interna.
  • La frecuencia de los obsequios apunta a un intento de generar influencia indebida.

Los registros deben ser precisos, verificables y contar con la aprobación correspondiente.

5. Presiones comerciales que comprometen la integridad

Un entorno donde se prioriza “cerrar el trato a cualquier costo” fomenta el riesgo de conductas indebidas. Señales típicas son:

  • Objeciones recurrentes a cumplir políticas internas.
  • Solicitudes para agilizar procesos saltando etapas de control.
  • Comentarios que minimizan la importancia del cumplimiento.

El liderazgo debe garantizar que los incentivos comerciales no entren en conflicto con los valores éticos.

6. Documentación incompleta o inconsistencias contables

La corrupción suele esconderse detrás de brechas documentales. Se deben considerar como red flags:

  • Contratos sin firma, modificaciones no registradas o ausencia de términos claros.
  • Facturas con conceptos genéricos o mal detallados.
  • Gastos repetitivos o sin evidencia de entrega real del servicio.

Auditorías internas y controles financieros son esenciales para la detección temprana.

7. Falta de colaboración con auditorías o procesos de control

Cuando un empleado o tercero evita entregar información, retrasa revisiones o demuestra incomodidad ante una inspección, es necesario profundizar. La transparencia es inseparable del cumplimiento.

Cultura organizacional: el verdadero detector de riesgos

Más allá de los indicadores operativos, la organización necesita una cultura donde los colaboradores se sientan seguros para reportar señales sin miedo a represalias. La existencia de canales de denuncia confiables, liderazgo ético y capacitación continua transforma a cada empleado en un agente de prevención.

Conclusión

Los red flags en ABAC no son simples señales administrativas: son herramientas de protección que permiten detectar vulnerabilidades antes de que se transformen en problemas mayores. La gestión efectiva de estos indicadores exige procesos claros, controles robustos y, sobre todo, una cultura ética sólida.

En un entorno global donde la corrupción puede afectar profundamente la operación y el futuro de una empresa, identificar, reportar y actuar frente a los red flags es una responsabilidad compartida y estratégica. Las organizaciones que invierten en esta vigilancia activa fortalecen su resiliencia, protegen su reputación y consolidan la confianza de sus stakeholders.


Por Márcia Helena Rogero– Miembro del Comité de Ética y Cumplimiento LATAM de LEC
As opiniones contenidas en este artículo son de responsabilidad exclusiva de la Autora y no representan necesariamente la opinión de la LEC ni de sus socios.
Imagen: Canva
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