En América Latina, la corrupción sigue siendo una de las principales amenazas al desarrollo y a la confianza institucional. Cada nuevo escándalo de corrupción deteriora la confianza ciudadana, socava el crecimiento económico, aleja la inversión y nos recuerda que el problema no solo es legal o normativo, sino cultural e institucional (a todo nivel).
La corrupción es, desde hace décadas, uno de los desafíos más persistentes de América Latina. Escándalos como Lava Jato, casos de financiamiento ilícito de partidos políticos, redes de soborno y la expansión de economías ilegales han marcado a la región.
La corrupción en América Latina no es solo un problema legal; es un problema estructural, cultural y regional.
En este escenario de desconfianza y debilitamiento institucional, el sector empresarial tiene hoy la oportunidad y la responsabilidad de liderar el cambio. La lucha contra la corrupción no puede ni debe recaer solo en los estados; debe partir también del sector privado, que son espacios donde la integridad puede convertirse en una ventaja competitiva real, en un valor de marca y en un motor de desarrollo sostenible.
La integridad como ventaja competitiva para la región:
Durante mucho tiempo, el “Compliance” en América Latina se entendió como un requisito formal para cumplir normas o evitar sanciones. Hoy, las empresas más avanzadas de la región han comprendido que el cumplimiento es solo el punto de partida, y que la integridad constituye una verdadera ventaja competitiva en mercados globales, han entendido que el cumplimiento no es un costo, sino una inversión en sostenibilidad y protección de la reputación.
En un entorno global marcado por exigencias crecientes de transparencia, trazabilidad y debida diligencia, la integridad ya no es opcional: es un requisito para competir.
Las compañías latinoamericanas que apuestan por la ética no solo reducen riesgos, sino también atraen inversión extranjera, fortalecen su reputación, construyen confianza con sus comunidades y se convierten en socios preferidos en cadenas de valor internacionales.
En una región donde la informalidad, el contrabando, la debilidad institucional y las economías ilegales siguen siendo desafíos estructurales, la integridad empresarial envía un mensaje claro de modernidad, liderazgo y compromiso con el desarrollo sostenible.
Para ello, los Modelos de Prevención de Delitos, adoptados bajo los marcos legales de cada país, y estándares internacionales como ISO 37001 e ISO 37301 son herramientas esenciales. No son formularios ni “checklists”; son mecanismos preventivos que permiten anticipar y mitigar riesgos de corrupción, entre otros delitos, fortaleciendo una cultura ética en toda la organización.
Invertir en un Sistema de Cumplimiento demuestra madurez institucional, visión de largo plazo y compromiso real con los grupos de interés. Más allá de cumplir la ley, las empresas que hacen de la integridad su cultura atraen talento, socios estratégicos y clientes que buscan trabajar con organizaciones confiables.
En un entorno global cada vez más exigente, la integridad no es un atributo deseable. Es un requisito para competir y para construir el futuro de la región.
Liderazgo ético sin fronteras: el verdadero motor del cambio
Ningún sistema de cumplimiento será eficaz si la alta dirección no lo adopta como parte de su identidad. El tone from the top no es una frase de moda: es la base del cambio cultural regional.
Los líderes deben vivir la integridad, comunicarla, predicar con el ejemplo e inspirar a sus equipos. En organizaciones que operan en varios países de la región, este liderazgo ético debe ser consistente: la integridad no puede variar de un país a otro. El cambio debe empezar desde arriba, con la convicción que la integridad se contagia y se consolida en la práctica diaria de la organización.
Cuando hay coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, los equipos responden con compromiso. Cuando no, las políticas quedan en papel y los riesgos se multiplican. De lo contrario, los códigos de ética y políticas internas quedarán en los estantes, en el papel y los riesgos de incumplimiento se multiplicarán.
Hacia un ecosistema empresarial latinoamericano que rechace la corrupción:
El momento actual exige pasar del discurso a la acción. Necesitamos empresas conformadas por profesionales íntegros y buenas personas. La integridad empieza en cada decisión y se multiplica con el ejemplo.
La región necesita un ecosistema donde las empresas:
- compartan mejores prácticas,
- promuevan canales de denuncia efectivos y regionales,
- exijan integridad a proveedores y socios en toda la cadena de valor,
- establezcan debida diligencia transfronteriza,
- formen equipos con profesionales íntegros,
- y se conviertan en ejemplo de transparencia.
La lucha anticorrupción ya no puede ser local: es un compromiso regional. Cada empresa, sin importar su ubicación geográfica, tamaño o sector, puede ser ejemplo de cambio, implementando Modelos de Prevención de delitos, fortaleciendo sus canales de denuncia, promoviendo la transparencia y ética en sus relaciones comerciales con terceros y sobre todo, apostando por las personas que la conforman, a fin de asegurar que actúen de forma honesta, respetuosa y en base a los principios y valores de la institución. Como líderes de nuestras organizaciones necesitamos impactar en la vida de nuestros colaboradores.
Organismos multilaterales como el BID, CAF, OCI e incluso la OCDE exigen cada vez más integridad para la contratación pública, financiamientos, alianzas y compras. Latinoamérica puede posicionarse como un bloque competitivo si adopta la integridad como estándar.
La corrupción no solo roba recursos: roba oportunidades, confianza y futuro.
Las empresas pueden ser la fuerza transformadora que la región necesita. Un liderazgo empresarial valiente, coherente y ético puede cerrar el paso a las economías ilegales, reducir la informalidad y fortalecer instituciones débiles.
Porque la integridad no se decreta: se construye cada día. No seamos parte de la corrupción. Seamos parte de la solución regional.
¡Una Latinoamérica más íntegra comienza en cada empresa, en cada decisión y en cada persona que elige hacer lo correcto!


