Durante más de dos décadas de trayectoria profesional dedicadas al mundo del Compliance y la Ética e Integridad Corporativa, he sido testigo de cómo el rol del cumplimiento ha evolucionado. Pasamos de verlo como una función “correctiva” o “defensiva”, enfocada únicamente en evitar sanciones, a comprenderlo con un enfoque “preventivo” y como un elemento estratégico que impulsa la sostenibilidad, la confianza y la competitividad dentro de las organizaciones.
Hoy en día, se ha transformado la manera en que las empresas gestionan el cumplimiento, y a esta evolución se le ha empezado a conocer como “Smart Compliance”.
Del cumplimiento tradicional al Smart Compliance
El Compliance tradicional se centraba comúnmente en regulaciones, políticas, controles y reportes. Era necesario, sí, pero a menudo reactivo.
El Smart Compliance, es un enfoque moderno del cumplimiento corporativo que va más allá de cumplir con las normas. Se trata de integrar tecnología (analítica de datos, automatización, inteligencia artificial) y, sobre todo, una cultura ética, para anticipar riesgos, optimizar procesos y apoyar la toma de decisiones estratégicas basados en datos. La IA también plantea riesgos, desafíos y dilemas éticos que debemos abordar. Lo que marcará la diferencia será cómo combinamos la innovación tecnológica con la responsabilidad profesional y la ética.
Ética e Integridad Corporativa: el corazón del Smart Compliance
El Smart Compliance no tendría sentido sin una base sólida de ética e integridad corporativa. Si bien es cierto, la tecnología puede automatizar procesos, estamos claros que ésta no puede automatizar la integridad ni los valores éticos.
Las organizaciones sostenibles a largo plazo, son aquellas que logran alinear sus decisiones con principios de transparencia, responsabilidad y ética. Y esto no se logra solo con políticas escritas, sino con una cultura que inspire el comportamiento correcto, incluso cuando nadie está mirando.
Hace unos días, leí el libro de Hamilton Mann “Artificial Integrity- The paths to leading AI toward a Human-Centered future”, pionero del concepto de “Integridad Artificial”, y no puedo estar más de acuerdo con el autor, cuando menciona que “para que la IA funcione de manera beneficiosa, ya sea para los individuos o la sociedad, debe prevalecer la integridad sobre la inteligencia.” También el autor menciona que “para que los sistemas de IA sean capaces de mantener una integridad artificial, deben incorporar consideraciones éticas como aspecto central de su razonamiento”.
Por lo tanto, hoy en día la ética y la integridad son fundamentales para asegurar que las tecnologías beneficien a la sociedad, ya que un enfoque de gestión de riesgos éticos e integridad permite no solo mitigar impactos reputacionales y regulatorios, sino también, generar confianza a clientes e inversionistas.
Un nuevo paradigma de liderazgo ético
Vivimos en una era donde la tecnología avanza a la velocidad de la innovación, y donde las expectativas sociales y regulatorias están en constante evolución y los inversionistas, colaboradores y consumidores exigen más transparencia y coherencia, existiendo la necesidad de un liderazgo ético en un entorno cada vez más automatizado.
En un mundo que exige cada vez más transparencia, la integridad y los valores éticos no son negociables: son el camino hacia la sostenibilidad a largo plazo, y la confianza solo se construye con integridad.
El Smart Compliance hoy en día, permite a las empresas no solo cumplir con la ley, sino liderar con propósito e innovación, anticipando riesgos reputacionales y construyendo relaciones sostenibles a largo plazo basadas en la confianza.
En mi experiencia, los líderes que entienden esto transforman sus programas de cumplimiento en vehículos de confianza. Nace un compromiso genuino dentro de la organización de las personas por actuar con rectitud, incluso cuando hacerlo implica ir contra la corriente. No temen hablar de dilemas éticos, promueven conversaciones complejas y abiertas y convierten el ejemplo personal en su principal herramienta de liderazgo. En este sentido, la ética no se impone; se inspira. Las empresas que comprenden esto trascienden. No solo logran resultados financieros, sino que dejan un legado positivo en la sociedad. ¡Porque al final del día, la reputación no se improvisa… se construye!
Que la tecnología no sea solo inteligente, sino también íntegra…porque hoy en día, el verdadero progreso ocurre cuando la integridad y la ética guían la era digital!


